Cultivos orgánicos desde el Sur de Chile

Cultivos

No por antojo, el mundo vuelve a lo natural: a la producción sin hormonas, fertilizantes o pesticidas químicos. Aunque es beneficioso para la salud, los cultivos son exigentes. Pero también hay un buen mercado para ellos, por lo que algunos agricultores de la región ya están lidiando con el desafío.
A simple vista, dos manzanitas iguales. Una, producida mediante tratamiento orgánico, y otra, a través de procedimientos industriales, pueden lucir igualmente apetitosas: rojas, lustrosas, tersas, sin manchas ni magulladuras. Sin embargo, al ser ingeridas por el organismo, para éste habrá algunas diferencias: mientras la primera no aporta más que vitaminas, nutrientes y fibras, la otra conlleva, junto con sus bondades, hormonas, pesticidas y fertilizantes artificiales. Algo así es la diferencia entre los cultivos orgánicos y la agricultura química.

Y por muy bondadoso que parezca el tratamiento orgánico, realizar todos los procesos sin intervenciones químicas no deja de ser complejo. El agricultor orgánico debe cumplir con todas las condiciones de desarrollo óptimo para la planta y mantener las enfermedades en un umbral que no cause daño económico. Esto es: desde que se siembra la semilla hasta que se abona, se fertiliza, se desinfecta y se riega, todas las intervenciones deben estar libres de químicos y sus residuos.

Esto lo saben muy bien algunos agricultores de la región, quienes, con la mira puesta en los exigentes mercados extranjeros, se están dedicando al cultivo orgánico. Sus predios, productos, procesos y hasta insumos están certificados como tales, e incluso, se someten a controles relámpago para asegurar a los comensales extranjeros que, lo que comerán o ingerirán, está "libre de todo mal". Algunos de ellos se han agrupado, como es el caso del Profo (Proyecto de Fomento - Corfo) Exportadores de Productos Orgánicos.

De Los Angeles a Europa...un viaje ecológico

La historia de José Valladares es muy singular. Profesor de bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Concepción, en 1982 adquirió un predio en Los Angeles, para criar animales y cultivar trigo, poroto y frutas. Y si bien el lugar cuenta con muchas bondades, las retribuciones económicas eran muy pocas. Los contactos que hizo con la empresa alemana "Salus Haus", interesada en hacer una prueba de la planta "Diego de la noche", le abrieron nuevas posibilidades.

Primero se plantaron 25 ejemplares de este producto, cuyo aceite contiene ácido gamalinolénico. Después de varios intentos, 48 de las 50 hectáreas del predio se dedicaron a la planta, con buenos resultados de producción en el cultivo, pero con fallas en la cosecha: faltó información. Y fue entonces cuando surgió el interés de realizar trabajos orgánicos.

José Valladares se dedica hoy al cultivo de hierbas, Passiflora incarnata y Raíz de valeriana, producción con destino a Alemania y a una factoría germana instalada en Chile. Pero eso no es todo. También se dedica al Espino blanco, Hipericum y Crategus. Tanto la Passiflora como la Raíz de valeriana, de efectos tranquilizantes, tienen alta demanda en mercados internacionales.

"Hay dos maneras de obtener plantas orgánicas", explica José Valladares, propietario y gerente de la empresa Ocampanario: "cultivo y recolección". El cultivo implica conseguir planta o semilla, reproducirla, plantarla o sembrarla (el trabajo con la planta es más rápido). Todos estos procesos se realizan sin nada más que cal, para eliminar gusanos. El manejo de las malezas es manual, y cada planta es codificada, indicando qué día se plantó. También se debe resguardar el nivel óptimo de los componentes de cada una de las hierbas.

Cuando el ejemplar crece, se poda y se va a la fábrica donde se deshidrata, se pica, o se trilla (dependiendo del producto) y finalmente se selecciona, por peso específico y tamaño. Después de la limpieza ya está lista para ser envasada, en envases reciclables, por supuesto. Y de allí al puerto, con destino a Europa.

La recolección es más sencilla. Lo primero es que los predios en los cuales se efectuarán las extracciones deben estar certificados como orgánicos. Cuando ya se cuenta con la aprobación, se designa a una persona como encargada de la cosecha, y éste a su vez subcontrata a recolectores. El producto (Rosa mosqueta, Hipericum, Crategus) se acopia en galpones limpios y finalmente se va a la fábrica, a recibir procesos similares a los de las hierbas cultivadas.

Para José Valladares hijo (quien también se dedica al campo, junto a su esposa) lo difícil de los procedimientos orgánicos es que se deben rotar los cultivos. No pueden estar más de tres años en el mismo sitio, pues se agotan los terrenos, y entran plagas. "El huerto orgánico tiene que ver con una mentalidad, una forma de vida. Uno empieza a hacer relaciones, a utilizar subproductos", expresa. Entre ellos el compost, abono natural.

Otras producciones de Ocampanario son las cebollas, porotos, papas, zapallitos... todos orgánicos, que venden en el mercado nacional e incluso internacional.

Ciudadela de manzanas orgánicas

Cerca de Chillán, camino a Cato, hay 70 hectáreas abarrotadas de manzanos, o mejor dicho, de manzanitas orgánicas. Es el predio de José Antonio Guilisasti, agricultor que junto a su empresa, Agrícola Santa Isabel, también forma parte del Profo Productores Orgánicos. En los árboles, los pequeños frutos, del tipo Fuji, Royal gala y Braeburn, esperan el momento apto para ser cosechadas y enviadas a los supermercados estadounidenses y europeos. El resto de las hectáreas las componen espárragos y otros cultivos, e incluso una lechería, que según el empresario "aporta guano, compost orgánico, ideal para los árboles".

Las manzanas viajan a los mercados internacionales en fresco, en cajas de 18 kilos, en envases biodegradables. Un porcentaje de ellas se destina a la venta nacional. Próximamente se trabajará en vinagre de manzana. Sin embargo, una helada inesperada, ocurrida en octubre pasado, deterioró dramáticamente los cultivos. Es el precio de estar ubicado casi en las faldas del volcán Chillán... lo que también atrae a los extranjeros. "Ellos buscan un ecosistema sin contaminación, libre de intervenciones", explica Guilisasti.

Pero lo que llama la atención es la producción de aceites y óleo resina, cuyas materias primas también tienen cero intervención química. Para producirlas, José Antonio Guilisasti posee una infraestructura aparentemente sencilla, aunque los procesos son bastante complejos.

El aceite esencial se obtiene de las plantas en su momento de floración, mediante arrastre por vapor. No se puede diluir. Es un invento que tiene entre 5 mil y 10 mil años de antigí¼edad, pero que Guilisasti trabaja a la perfección, después de ser aprendiz de un alemán que le enseñó algunos secretos. Tiene importancia para rubros como cosméticos y alimentos, y pronto se venderán a Alemania y Japón.

Para elaborar óleo resina, en cambio, el producto se debe moler y tratar con reactores, conservando el principio activo de la planta. Cobra mayor importancia en el mundo de los alimentos, como saborizante. Puede ser diluido, pero es muy complicado, pues debe conservar el aroma y el sabor. Los demandan Japón, Costa Rica y Estados Unidos.

En este reportaje pudimos comprobar, empíricamente, que los óleo resinas del pimentón y de las callampas conservan un buen sabor. Asimismo, constatamos la pureza de los aromas del aceite de pino, hinojo, orégano y boldo (un poco fuerte). Todos impresionantes.

Fuente: Diario El Sur S.A.